Co-fundador
Marco
“Trabaja un día conmigo y te puedo ayudar a vivir de forma más consciente y plena”
Marco nació en 1984 en Engelskirchen, Alemania, en el seno de una familia emprendedora vinculada a las relaciones públicas. Con el tiempo, decidió formarse como agricultor y, en 2005, llegó a Chile junto a su familia para materializar un anhelo profundo: construir una vida más independiente, libre y conectada con la naturaleza. Amanuk es el resultado vivo de ese camino.
Definir a Marco no es sencillo, ni siquiera para quienes lo conocen de cerca. Su aproximación a la vida y a las personas es directa, honesta y profunda. Tiene una capacidad particular para percibir al ser humano más allá de lo evidente, detectando patrones, bloqueos y potencialidades que muchas veces permanecen invisibles.
“Trabajo contigo y sé quién eres.”
Esta frase lo representa con claridad. Marco no evita los conflictos cuando son necesarios, no se acomoda por conveniencia y se mantiene firme en sus convicciones. Al mismo tiempo, es una persona profundamente comprometida con quienes lo rodean y con los procesos que acompaña. Su interés por el desarrollo personal se expresa tanto en la reflexión como en la acción concreta.
Está convencido del valor transformador de la agricultura orgánica, de la importancia de una familia sana —en lo físico, emocional y espiritual— y del impacto negativo que tiene el uso excesivo de la tecnología en la vida cotidiana. Vive cuestionándolo todo para luego encontrar verdades más profundas, desde una coherencia práctica y constante.
Su labor principal en Amanuk se centra en su trabajo con personas y grupos, una invitación a observarse, a detener el ritmo y a reconectar con una forma de vida más simple, honesta y enraizada. Paralelamente, la agricultura orgánica, especialmente en la multiplicación de semillas de cereales antiguos y tradicionales como einkorn, espelta, kamut, waldstaudenroggen y otras variedades patrimoniales.
Compartir tiempo y trabajo con Marco es abrir un espacio de aprendizaje, reflexión y transformación personal, donde la presencia, el cuerpo y la naturaleza se convierten en maestros.
Julia
Co-fundadora
“A pesar de una cierta conciencia espiritual, vivo una vida muy aterrizada.”
Julia es co-fundadora de Amanuk, madre de dos hijos y una de las principales guardianas de la vida cotidiana del campo. Sus hijos nacieron aquí, por convicción, en el entorno natural que hoy cuida y habita. Julia siente profundamente que la naturaleza está hecha de manera perfecta y que, con el tiempo, la humanidad se ha ido alejando de su origen y de su esencia. Amanuk nace, en gran parte, desde esa intuición: la necesidad de volver, poco a poco, a una forma de vida más simple, consciente y conectada.
Su camino personal ha estado marcado por un proceso profundo de transformación interior. Si bien no afirma haber “llegado” a una verdad definitiva, sí reconoce que este lugar —y la naturaleza pura que lo rodea— dialoga constantemente con quienes lo habitan, invitando a reconectar con lo esencial. Julia se siente profundamente agradecida por su historia, por haber crecido en una familia contenida, haber tenido acceso a educación y haber comprendido, con el tiempo, que existen múltiples formas válidas de vivir.
En lo cotidiano, Julia encarna una espiritualidad práctica y concreta. Su día a día transcurre entre el cuidado de sus hijos, la ordeña de vacas, la elaboración de quesos, la panadería y las múltiples labores del campo. Es una vida exigente, simple y profundamente real, donde la reflexión convive con el trabajo manual.
Su propósito es ofrecer a otras personas la posibilidad de experimentar algo similar a lo que ella ha tenido la fortuna de vivir: un entorno que favorezca el desarrollo personal a través de la desintoxicación digital, una alimentación basada en agricultura orgánica y la inmersión en un territorio vivo y puro como el de La Araucanía. Amanuk es, para Julia, una invitación a vivir de forma más consciente, enraizada y auténtica.